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20100830

Comentario a la Parashá: Parshiot Nitsavim-Vayelej 5770 / Por Adi Cangado

 

El próximo es el último Shabat antes del Año Nuevo, Rosh ha-Shaná. Este año las porciones de Nitsavim (Deut. 29:9-30:20) y Vayelej (íd. 31:1-30) se leen juntas y en general anticipan ya dos temas que serán recurrentes en la liturgia de los días tremendos (Año Nuevo y Kipur): la llamada de la vida y la consolidación del pacto entre el Eterno y el pueblo judío.

Los versos de Deut. 29:9-10 dicen, Atem nitsavim ha-yom kuljem lifné Adonai Eloqejem: rashejem, shivtejem, ziqnejem ve-shotrejem, kol ish Yisrael;/ tapjem, neshejem ve-guerjá asher be-qérev ma'haneja, me-'hotev 'etseja 'ad shoev memeja "[Vosotros] estáis presentes hoy, todos vosotros, ante el Eterno vuestro Dios, vuestros líderes, vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros guardias, todo hombre de Israel;/ vuestros niños, vuestras mujeres y el converso que reside en tu campamento, desde el leñador hasta el aguador". También Moshé, antes de morir, dice a los ancianos de Israel, haqhel et ha-'am, ha-anashim ve-ha-nashim "reunid al pueblo, a los hombres y a las mujeres" (v. 31:12), verbo que curiosamente insinúa ya al qahal qadosh, es decir, la "comunidad sagrada".

¿Qué es la "comunidad sagrada"? ¿Qué es el pueblo judío? Sin duda es uno y único pues el Santo, Bendito sea Él, llama a los presentes "todos vosotros", y dice ha-'am, "el pueblo", absolutamente determinado y escogido de entre los demás pueblos.

Pero, ¿qué clase de conexión re-liga al pueblo judío? En primer lugar, "todos vosotros, (…), vuestros ancianos, (…) vuestros niños, vuestras mujeres", se refiere a la herencia a través de la familia, a través de la sangre. El primer elemento que determina la judeidad es la sangre. Así, de entrada, es judío quien nace de una madre judía. En palabras de Franz Rosenzweig, "(el pueblo judío) nota cómo corre por sus venas, ya hoy, cálidamente, la garantía de su eternidad".

Sin embargo no solamente se trata de la sangre, sino de la vida. El judaísmo es una comunidad de sangre y vida. Así, también "el converso que reside en tu campamento", y "el leñador" y "el aguador" son llamados a presentarse ante el Eterno ese día, es decir: hoy.

Ese versículo es sumamente curioso. El leñador y el aguador, ¿de quiénes se está hablando? De acuerdo a la tradición judía, y al igual que pasaría más tarde con Josué y los guibeonitas (ver Josué 9), muchos canaanitas solían venir ante Moshé para convertirse al judaísmo. Sin embargo, algunos le decepcionaban después, y el profeta los asignaba como leñadores y aguadores (personas que se encargaban de extraer el agua de los pozos). Así versan el Midrash (Tan'humá 2) y el Talmud de Babilonia (Tratados de Yevamot 79a y Guitín 23b).

Sin el vínculo de la sangre y de la vida, otros pueblos apegan su voluntad al suelo y su dominio al territorio. "La tierra, así, traiciona al pueblo que confió su duración a la de ella. Continúa durando, pero el pueblo que hubo sobre ella pasó" (dice Rosenzweig). En cambio, el Eterno llama a Abraham para que abandone su tierra, la casa de su padre, su lugar natal, y vaya al lugar que Él le indicará. El vínculo del pueblo judío a la tierra de Israel no es pues la clave de su supervivencia, sino solamente la anticipación de la promesa. Pues aunque la promesa se ha anticipado a través de la vuelta del pueblo a la tierra, la promesa en sí deviene, inacabada, razón por la cual aún el pueblo judío espera el cumplimiento, la completud, de la misma (y reza por ella cada día).

Lo cual nos lleva al segundo punto: el pueblo judío es también su tradición y su cultura. En la haftará que acompaña a la Parashat Nitsavim de acuerdo a la tradición italiana (Josué 24:1-18), se percibe de manera muy clara. Antes de cerrar el libro que lleva su nombre, Josué reúne al pueblo y les dice:

"Más allá de la orilla del río [Éufrates] moraban vuestros antepasados en la antigüedad, Taré, padre de Abraham y padre de Najor, y adoraban a dioses otros (Jos. 24:2). Mas llamé a vuestro padre, a Abraham, de la orilla del río [Éufrates] y lo llevé por toda la tierra de Canaán, y multipliqué su descendencia, y le di a Isaac (v. 24:3), y a Isaac le di Jacob, y Jacob y sus hijos descendieron a Egipto (v. 24:4). Pero envié a Moshé y a Aarón, y castigué con plagas a Egipto (…) y después os liberé [de allí] (v. 24:5) y residisteis en el desierto durante muchos años (v. 24:7 in fine)."

El pasado de Israel conduce así al instante en el que Moshé les dice, "estáis presentes hoy, todos vosotros, ante el Eterno vuestro Dios". En cada eslabón de la escalera, la obra divina está presente. La supervivencia de la tradición garantiza la vida. Dice la porción de esta semana, le-ma'an haqim otjá ha-yom lo le-'am ve-hu yiheyé lejá le-Eloqim, ka-asher diber laj ve-ja-asher nishbá la-avoteja, le-Abraham, le-Yits'haq u-le-Ya'aqov "para que te preserve hoy para Él como pueblo, y [entonces] Él será para ti Dios, tal y como te dijo y tal y como prometió a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob" (Deut. 29:12), ki hu 'hayeja "pues Él es tu vida" (v. 30:20).

Al igual que en cada generación pervive la promesa, también así "para ti". En la medida en que sobrevive la tradición en ti, mientras que la promesa de la tierra deviene y la vuelta a la tierra de Israel la anticipa, la vida se cumple (en Heb. el verbo qum usado al principio del versículo 29:12 también puede significar levantar, ratificar, consolidar, cumplir). Es decir, la vida plena y eterna, iluminada por la Torá y por los preceptos. Pero, ¿a qué nos referimos con una vida que es eterna?

Dice Franz Rosenzweig, "la vida eterna sólo dura mientras dura, en general, la vida". En los versículos que tejen el leitmotiv de esta parashá, está siempre ahí la palabra ha-yom "hoy". Cuando Moshé llama al pueblo (v. 29:9), no se nos dice cuándo ni dónde, solamente dice ha-yom, "hoy". Están absolutamente presentes, o mejor, eran absolutamente en presente. A diferencia de la existencia, que disemina la experiencia (como los hilos que componen un tapiz), la vida es el tapiz (es la esencia misma, y por definición, lo que es no puede no ser, y por lo tanto no perece). La muerte está en la experiencia (visible, alrededor), pero no en la vida. La vida ofrece resistencia: resiste contra la muerte.

Esta dimensión de anticipación, de espera viva de la promesa, queda claramente determinada en los versículos 13 y 14 del cap. 29 en su interpretación midrásica:

"Pues no solamente con vosotros sello Yo et ha-brit ha-zot ve-et ha-alá ha-zot esta alianza y este pacto;/ porque [lo sello] con los que están aquí con nosotros hoy ante el Eterno nuestro Dios y también con los que no están aquí con nosotros hoy." A lo que el Midrash añade (Tan'humá 3), "e incluso con las generaciones futuras que serán".

Más adelante el Eterno dice, "Mira, aquí te ofrezco hoy la vida y lo bueno, y la muerte y lo malo" (v. 30:15). Pues la vida se teje no solamente de hilos suaves, lo cual de alguna manera se intuía ya en el que mencionábamos antes: no solamente sella et ha-brit, "la alianza", sino también et ha-alá pero, ¿por qué añadir este término?

Podríamos entender la primera como la Torá (escrita y oral), y la segunda como aquella parte de la vida que no es buena, pero que nos desafía y que debemos enfrentar. Pues ha-alá es "pacto", pero también puede ser "maldición", la parte que dice "si no cumples" acaecerá así y así. Mas el Eterno nos dice, 'hizeqú ve-imetsú al tireú ve-al ta'aretsú "sed fuertes y valientes, no temáis ni tengáis miedo" (v. 31:6).

Pues la Torá no es difícil ni tampoco lejana (v. 30:11), sino que está cerca de ti, muy cerca, en tu boca y en tu corazón, para cumplirla (v. 30:14).

Porque siempre es hoy, las generaciones futuras también tienen su sitio en el relato de la haftará que leen los judíos de rito italiano:

"Cruzasteis el Jordán y llegasteis hasta Jericó" (Jos. 24:11), "y ahora temed al Eterno y servidlo con honestidad y confianza" (v. 24:14). Mas, "deberéis escoger vosotros hoy a quién serviréis, si al Eterno al que servían vuestros padres (cuando llegaron) desde allende el río [Jordán] o si los dioses de los emoritas en cuya tierra residís" (v. 24:15).

Al final de su discurso, el pueblo de Israel contesta, gam ana'hnu na'avod et Adonai ki hu Eloqenu "también nosotros [como hacían nuestros padres] serviremos al Eterno" (v. 24:18 in fine).

El pueblo judío, qahal qadosh la "comunidad sagrada", es uno y único, es sangre y vida, es promesa y tradición, es eterno, e incluye también al que voluntariamente se inserta en él y en el curso de su historia, y también al leñador y al aguador, pues aunque habían decepcionado a Moshé, "la decepción mantiene el amor en forma" (Rosenzweig).

El pueblo judío incluye también, como decíamos antes, al que en su corazón ya se ha alejado de nosotros, pero que está aquí, aún, también presente, en ese hoy que es siempre.

En el versículo 29:18 se dice, ve-hayá be-sham'ó et divré ha-alá ha-zot ve-hitbarej bi-levavó lemor, "shalom yiheyé li bi-sherirut libí elej", le-ma'an sefot ha-ravá et ha-tsemea "y ocurrirá que cuando [ese hombre] escuche las palabras de este pacto [fijaos que dice ha-alá y no ha-brit; habla del "si no cumples"], se regocijará en su corazón diciendo "tendré paz aunque siga los deseos de mi corazón, para que añada el regadío al secano". Esa sería la traducción literal.

Este hombre está presente, hoy, allí, siempre, entre todos nosotros. Sin embargo su corazón mira en otra dirección. Pero incluso él es parte de Israel. Aunque su desnudez está circuncidada, su corazón es incircunciso. En su corazón no pesa el entendimiento (en Heb. biná) sino solamente el sharir "músculo" (Job 40:16), por eso él sigue, sherirut ha-lev, "los deseos (físicos, materiales) del corazón".

La segunda parte del versículo es sumamente hermética. Rashi traduce, "para añadir [el castigo por] los pecados cometidos sin querer [de este hombre] a los [de los] pecados cometidos intencionalmente". Pero se trata ya no de una traducción sino de homilética. La palabra ha-ravá puede significar "bebido" pero también "regadío". El regadío arrastra al secano, ¿qué puede eso significar? Me parece que la interpretación de Ibn Ezra se ajusta más a la literalidad. En su comentario dice,

"En mi opinión la palabra sefot procede de toséfet (juntar, por ej., al "sediento" con aquellos cuya sed está saciada), y la razón de esto es que "tendré paz", incluso aunque "siga los deseos de mi corazón", pues por los méritos de los justos sobreviviré ya que son más numerosos y yo, pecador, soy solamente uno."

El impío cuyo corazón desvía la atención de la llamada de Moshé y del Eterno sabe que todo Israel tiene un lugar en el mundo por venir. Sin embargo, a medida que él se aleja, los suyos, generación tras generación, se alejarán en mayor medida, hasta diluirse como una gota de vino en el océano.

Ese día ya no serán parte de Israel, ni parte de su sangre ni de su vida ni de su promesa ni de su tradición, sino que se habrán asimilado entre los demás pueblos. Como Franz Rosenzweig dice, "la judeidad es algo que ha de ganarse en la vida, que ha de vivirse".

Aquí, de nuevo, ante el Eterno, la disyuntiva de la existencia se vuelve clara: por un lado la vida y la bendición, y por el otro la muerte y la maldición, pero el Eterno nos llama a proclamar y demandar la vida, u-ba'hartá ba-'hayim le-ma'an te'heyé "y elegirás la vida [la Torá] para poder sobrevivir" (v. 30:19), ki 'ets 'hayim hi "pues ella es un árbol de vida".

La conclusión final es: a la pregunta "¿qué es el pueblo judío?" debemos responder, "el pueblo judío vive". Hoy. Siempre.

20100823

שערי תשובה [Sha'aré Teshuvá] 5ª Parte - Reflexiones sobre el mes de Elul, Rosh ha-Shaná y Yom Kipur / Por Adi Cangado

 



"El Shofar de Tsarfat y Sefarad"
Por Adi Cangado


שופר צרפת וספרד יצרח להתקדש
"Un Shofar resonará, desde Francia y España, para que el pueblo sea santificado."

Este hermoso verso lo escribió el Rabí Shim'ón ha-Gadol en uno de sus piyutim (Mainz, 950-1020).

Rosh ha-Shaná es yom ha-din, "día del juicio", yom ha-zikarón "día de recordación" pero sobre todo yom teru'á "día del toque (de shofar)", tal y como leemos en Núm. 29:1.

"¡Despertad, adormecidos, de vuestro sueño! ¡Examinad vuestros actos! ¡Arrepentíos sinceramente! ¡Recordad a vuestro Creador!"
(Rambam, "Hiljot Teshuvá" 3:4)

¿Por qué tocamos el shofar? Porque es un instrumento en el que no podemos elaborar una melodía. Es primitivo, anterior a cualquier escala musical. Tal vez por eso tocamos el shofar: nos recuerda lo más íntimo de nuestra naturaleza, lo más elemental. En palabras del Rav Tsadoq ha-Kohén, "es el instrumento que dice: cuando no son posibles las palabras, no se necesitan las palabras". En Rosh ha-Shaná, el alma judía anhela reencontrarse con su Creador. El shofar refleja el sonido de lo inexpresable: nos devuelve a los orígenes del ser humano. Lo más esencial del ser humano, lo más básico, su más interior grito de vida, es inexpresable. El shofar hace sonar (y por ello, recordar al hombre) lo que solamente se puede mostrar, lo que el lenguaje no puede significar.

En el piyut de Yequtiel bar Moshé que mencionábamos en el artículo anterior, se dice sobre el shofar,

יסתער בקרבי בעת אתחיל
"truena (el shofar) dentro de mí cuando comienzo (a rezar)"

Cuando el alma grita lo inexpresable, solamente entonces, después de este sonido primitivo y elemental que reclama la vida, surge como un caudal la oración sincera. Por eso es costumbre tocar el shofar durante el mes de Elul, excepto el día antes de Rosh ha-Shaná, y por eso es precepto tocarlo en Rosh ha-Shaná (salvo si cae en Shabat), durante las oraciones de la mañana y Musaf.

De acuerdo al Rav Saadiá Gaón, hay diez alusiones al shofar que nos ayudan a entender el significado de su sonido:


  1. En Rosh ha-Shaná, el Eterno creó el universo.

  2. Su sonido nos llama a reflexionar, una llamada al arrepentimiento, antes del día del perdón (Yom Kipur).

  3. En el Monte Sinai, cuando los judíos aceptaron la Torá, "el sonido del shofar crecía continuamente y era muy intenso" (Éx. 19:19). En Año Nuevo reafirmamos este compromiso.

  4. Nos recuerda también las llamadas de los profetas a hacer teshuvá (ver por ej., Ez. 33:2-3).

  5. Para que recemos por la restauración del Templo de Jerusalem, tal y como decía Jeremías (vv. 4:19-20): "No deberé callar, pues en el sonido del shofar has escuchado, oh alma mía, la llamada a luchar".

  6. Es un cuerno de carnero (o de cordero), en recuerdo a la "Aqedat Yits'haq", la atadura de Isaac, lectura que también hacemos en Rosh ha-Shaná.

  7. El shofar inspira reverencia y temor, "¿puede el shofar sonar en una ciudad y que sus habitantes no se estremezcan?", dice el profeta.

  8. De acuerdo a Tsefanía (1:16), al llegar la Era Mesiánica, "un día sonará el shofar".

  9. También su sonido reúne a los exilios, tal y como dijo Isaías, "y ocurrirá en ese día, que el gran shofar sonará" (v. 27:13), y así lo recordamos en la "Tefilá" de diario.

  10. También nos recuerda, finalmente, la resurrección de los muertos (Isaías 18:3).

Tocamos el shofar en Rosh ha-Shaná, hasta las treinta o cien notas o incluso más, según la costumbre de cada comunidad. Si es Shabat, no se puede tocar el shofar (Talmud, Rosh ha-Shaná 29b).

Antiguamente se hacía durante la oración de la mañana (Sha'harit), tal y como nos dice el Talmud (Pesa'him 4a), pues: zerizín maqdimín le-mitsvot "los celosos observan los preceptos tan pronto pueden". Pero durante la dominación romana debió cambiarse esta costumbre, pues muchas veces los romanos interpretaron que este resonar tan fuerte era una llamada a la rebelión, de manera que solían irrumpir en la sinagogas y masacraban a quienes allí había. Por eso se suele hacer antes, durante y después del Musaf (servicio adicional de Rosh ha-Shaná).

Fue el Rabí Abahu de Caesaria quien estableció el modo en que el shofar debía tocarse (Talmud, Rosh ha-Shaná 34a). Se hacen sheloshim qolot "treinta sonidos o notas" de cada vez, 12+9+9: teqi'á-shevarim-teru'á-teqi'á (תשר״ת), teqi'á-shevarim-teqi'á (תש״ת) y teqi'á-teru'á-teqi'á (תר״ת).

El sonido teqi'á (ת) consiste en una nota uniforme y prolongada. Cuando se hace el último teqi'á de una serie, se toca como teqi'á guedolá, más larga que las demás. El sonido shevarim (ש) consiste en notas prologadas pero intermitentes, como en un llanto. El sonido teru'á (ר) está formado por notas muy breves, como cortadas.

Antes del Musaf de Rosh ha-Shaná y de recitar "Ashré", se toca tres veces cada una de estas notas (30x3=90 notas en total):

(3) תשר״ת
(3) תש״ת
(3) תר״ת

Después, durante la sección de "Maljuyot, Zijronot ve-Shofarot" del Musaf y para cada una de ellas (30x3=90), así como también durante su repetición por parte del Cantor (30x3=90), se hace:

תשר״ת
תש״ת
תר״ת

Escuchar la teqi'at shofar "sonido del shofar" es un precepto para todo judío, tal como dice el Salmista,

אשרי העם ידעי תרועה הי באור פניך יהלכון
"Bienaventurado es el pueblo que conoce la teru'á, Señor, a la luz de Tu rostro caminarán."

Si el shofar hace resonar el llanto humano de lo inexpresable, la liturgia de los días solemnes, Año Nuevo y Kipur, también está llena de lo contrario: la creativa voz del payetán, del "poeta judío", que más allá del orden fijo de las oraciones, da expresión a sus emociones y anhelos. Dos son, para mí, los piyutim más destacados de Rosh ha-Shaná.

En las noches de Rosh ha-Shaná cantamos “A'hot Qetaná” (= hermana pequeña). Este piyut fue compuesto por el Rav Abraham 'Hazán 'Hazaq, de Gerona (siglo XIII). Hasta fecha reciente se pensaba que había aparecido por primera vez insertado en un Ma'hzor en Livorno en el año 1876, editado por el Rav Israel Kushta, formando parte desde entonces de la liturgia del Año Nuevo. Sin embargo ya aparece como parte de la liturgia de los días tremendos en una antiquísima edición del Ma'hzor publicada en el año 1527 (fecha muy próxima a la expulsión de los judíos de España) en la ciudad griega de Salónica, titulado curiosamente Ma'hzor le-Núsa'h Barselona Minhag Catalonia “Ma'hzor según el rito de Barcelona, la costumbre de Cataluña”. El estribillo, a lo largo del piyut, dice, tijlé shaná ve-qilelotea “termine el año y sus males”, pero el último de lo estribillos dice, ta'hel shaná u-birjotea “comience el año (nuevo) y sus bendiciones”. No importa los errores que hayamos cometido durante el año, o los desafíos que hayamos tenido que afrontar. El año nuevo nos da una oportunidad nueva: podemos comenzar otra vez, un año más. 
*
Como dato meramente informativo, debemos recordar que cuando los judíos fueron expulsados de Sefarad, existían varios nus'haot o “ritos” distintos: el nusa'h castellano, el catalán (o de Barcelona), el aragonés, el de Tudela, el de Mallorca, y otros de los que no conservamos el nombre, además del rito de los judíos portugueses, muy similar al de Castilla (los cuales, juntos, son el origen del actual rito hispano-portugués que podemos encontrar aún en la sinagoga de Bevis Marks en Londres, en la Esnoga de Ámsterdam, o en la congregación “Sheerit Israel” de Nueva York). El rito sefaradí-marroquí debe mucho a la versión castellana pero se aprecia una fuerte influencia catalana.
*
Por otra parte, el segundo piyut que más emociones me despierta es "Unetané Toqef", compuesto por el Rabí Amnón de Mainz. Este rabino, que vivió hace mil años en esta ciudad alemana, era amigo del obispo de la ciudad. Pero un día el obispo le pidió que se convirtiese al cristianismo, para lo cual el Rabí Amnón pidió tres días de reflexión. De vuelta a casa, y arrepentido por cuanto había prometido, hizo ayuno y rezó para pedir perdón al Eterno aquellos tres días. Al final, renunció a la conversión al cristianismo y le pidió al obispo que ordenara cortar su lengua, por haberse equivocado en sus palabras. El obispo no hizo tal cosa, pero sí le condenó a que le cortasen los pies y las manos por no renunciar a su fe.

Pues como comentábamos más arriba, en Rosh ha-Shaná debemos reafirmar nuestro pacto, sellado en Sinai.

20100822

שערי תשובה [Sha'aré Teshuvá] 4ª Parte - Reflexiones sobre el mes de Elul, Rosh ha-Shaná y Yom Kipur / Por Adi Cangado

 


"El espíritu de Rosh ha-Shaná"
Por Adi Cangado


Entre los meses de Septiembre y Octubre comienza el año de acuerdo al calendario hebreo (que es lunisolar). Los días 1 y 2 de Tishré celebramos Rosh ha-Shaná, el Año Nuevo.

De acuerdo a la tradición judía, en Rosh ha-Shaná recordamos la Creación del primer hombre y la primera mujer: Adam y 'Havá. En las oraciones de estos días decimos que Rosh ha-Shaná es el "comienzo de la obra del Eterno". Así, por ejemplo, en la oración de Musaf:

זה היום תחילת מעשיך זכרון ליום ראשון
"Este es el día del principio de Tu obra, recordación del primer día."

Pero sabemos que esto no es exactamente así. El 25 de Elul es el día que correspondería al primero de la Creación. Entonces, ¿por qué se llama al Año Nuevo "recordación del primer día" cuando en realidad correspondería al sexto?

De acuerdo a Guedaliá Schorr, la razón es que "el propósito del universo es la lucha interna del ser humano para escoger entre lo bueno y lo malo". El judaísmo coloca al ser humano como una de las premisas fundamentales del universo.

En el Talmud de Babilonia (Tratado de Rosh ha-Shaná, 10b-11a) se nos explica cuáles son los acontecimientos clave que se conmemoran estos días:


  1. Nacen los patriarcas Abraham y Jacob.

  2. En Rosh ha-Shaná, el Eterno recuerda a tres mujeres estériles: Sara, Raquel y Jana.

  3. Yosef es liberado de la prisión egipcia en que estaba prisionero después de veinte años.

  4. El pueblo judío, en Egipto, deja sus labores de esclavitud mientras se espera la llegada de las diez plagas.

Durante el Año Nuevo y hasta el Kipur, incluido, en muchas oraciones se cambia el texto habitual para remarcar la soberanía divina. Así, Dios es proclamado Rey, Mélej. El Gaón de Vilna explica que en hebreo existen dos términos para hablar de un soberano: mélej y moshel. El primero reina siempre con el consentimiento y el reconocimiento de sus súbditos, mientras que el segundo contra su voluntad, como un tirano. En el libro de oraciones, estos días, proclamamos que el Eterno es Mélej, pues nos doblegamos a sus preceptos sin necesidad de coerción. De igual forma que los rabinos de antiguo inspiraban autoridad sin necesidad de imponerla por las armas, tal y como dice en el Talmud, rabanán yiqerí milajim (Tratado Guitín 52a).

También en la "Tefilá", durante los diez días que van desde Rosh ha-Shaná hasta el Kipur, se agregan los párrafos siguientes en las dos primeras y las dos últimas bendiciones que la componen. En la primera, la de Patriarcas, añadimos:

זכרנו לחיים מלך חפץ בחיים וכתבנו בספר חיים למענך אלקים חיים
"Recuérdanos la vida, Rey que desea la vida, y escríbenos en el libro de la vida, por Ti Dios de vida."

El pueblo judío es el pueblo que proclama la vida como valor imprescindible, no solamente en un sentido espiritual sino también material. Por eso en Rosh ha-Shaná rezamos para pedir parnasá, "prosperidad". Al igual que los Patriarcas, pedimos al Eterno que nos recuerde para 'hayim tovim, "una vida buena", plena y sin sufrimiento, y en la segunda bendición de la "Tefilá", añadimos:

מי כמוך אב הרחמן [וי״א אב הרחמים] זוכר יצוריו לחיים ברחמים
"¿Quién como Tú, Padre Misericordioso [otros dicen "Padre de Misericordia"]?
Él recuerda a Sus criaturas para una vida de misericordia."

Pues una vida buena, una vida plena, depende en medida importante de que también quienes nos rodean disfruten de prosperidad. Una sociedad en la que la riqueza y la prosperidad están repartidas equitativamente facilita la paz y la tranquilidad. El ser humano alcanza la calma interior en mayor medida cuando el prójimo centra sus preocupaciones y cuando el conjunto de sus allegados forman agudá a'hat "una sola sociedad", una sociedad más cohesionada, tal y como se dice en la tercera bendición para Rosh ha-Shaná. Como en un lulav, sus habitantes no son iguales en capacidad o preferencias, pero cada uno aporta en función de sus posibilidades y todos se encaminan en la misma dirección.

La segunda bendición de la "Tefilá" nos llama a ayudar a los oprimidos. En un piyut de Yequtiel bar Moshé (Speyer, Alemania, siglo XI), se dice:

העתר לנגשׂים
"(El Eterno) responde a los oprimidos."

El Talmud además nos dice, "al igual que Él ama, ama Tú también". Si él responde a los oprimidos, atiéndelos tú también.

Para el pueblo judío, una vida plena implica una vida dedicada al estudio y el cumplimiento de la Torá, tal y como añadimos en la penúltima bendición:

וכתוב לחיים טובים כל בני בריתך
"Y escríbenos para una vida buena a todos los hijos de Tu pacto."

¿Cómo debemos entender este "libro de la vida"? Se trata de una expresión muy común en la liturgia de estos días solemnes, y también el Talmud habla de sifré 'hayim ve-sifré metim "los libros de la vida y los libros de los muertos". En realidad se trata de dos extremos: por un lado, de aquellas personas que son justas y rectas, y llevan una vida de santidad, se afirma de ellos que están vivos, incluso aunque han fallecido, pero de aquellos que se han dejado arrastrar por la inercia de lo material y que se apartan de la Torá, aunque respiran se dice de ellos que ya están "muertos", al menos espiritualmente. Existe una tercera categoría, la de los benunim "los que están en medio", la mayoría de nosotros, quienes transitamos por un camino intermedio, debiendo decidir a cada paso cuál es la decisión correcta, qué hacer o no hacer.

Al final, también quienes estamos "en medio" debemos mejorar, para que así disfrutemos de plenitud y paz. En la última bendición de la "Tefilá", la de "Shalom", paz, añadimos:

בספר חיים ברכה ושלום ופרנסה טובה וגזרות טובות ישועות ונחמות נזכר ונכתב לפניך אנחנו וכל עמך בית ישראל לחיים

"Y en el libro de la vida, la bendición y la paz, la prosperidad y los buenos juicios, la salvación y la bondad, seamos recordados y escritos ante Ti, nosotros y todo Tu pueblo Israel para la vida."

En hebreo la palabra shalom "paz" está relacionada con shalem "completo". Tal y como dice el profeta Malají (v. 3:10),

והריקתי לכם ברכה עד בלי די
"Y haré brotar para vosotros bendición sin límite."